¿Cómo afrontas la nueva temporada de 'Aquí no hay quien viva'?
Con ilusión, ya que en el equipo estamos completamente de acuerdo, tanto con el guión como con la dirección. Nos sorprendemos y nos reímos nosotros mismos haciéndola, de verdad. Y en lo que a mí respecta, voy a estar ocupado, porque a Mauri le van a pasar muchas cosas.
¿Te ha sorprendido la aceptación que ha tenido la serie?
Para mí, eso del éxito sigue siendo un misterio. Uno siempre tiene la incógnita de la reacción del público. Yo la llevo viviendo desde hace años.
Es que llevas muchos sobre los escenarios... ¿Recuerdas cuándo decidiste ser actor?
Quise ser astronauta dos días, pero a los cinco años ya quise ser actor. Después, nunca me planteé ser otra cosa. Incluso cometí el error -no lo recomiendo, aunque a mí me haya ido bien-, de dejar los estudios muy joven.
De todos los papeles que has interpretado, ¿de cuál te sientes más satisfecho?
Del actual, de Mauri. Me produce mucha ternura. De unos años a esta parte, lo que sucedió ayer parece que me ha sucedido hace tres años, no me importa nada. He aprendido a disfrutar el presente.
¿Qué proyectos tienes entre manos?
Seguir en la serie, una película con unos autores noveles y montar una producción con mis hermanos para inaugurar el teatro Maravillas de Madrid (lo llevaremos durante diez años).
Provienes de una familia de actores. ¿Hasta qué punto ha influido ese hecho en tu carrera?
Tengo una gran relación con mis hermanos, pero para mí pesa muchísimo la opinión de María Luisa Merlo.
De hecho, te quedaste con su apellido. ¿Por qué?
Mi abuelo tuvo una hija, María Luisa, y un hijo, David, que no tiene nada que ver con este mundo. Así que, en el entorno de la actuación, el apellido se perdía con mi abuelo y mi madre. Me hizo ilusión continuarlo.
Tu primer recuerdo como espectador.
Tengo muchos recuerdos de ensayos. Me sabía los papeles de todos. También recuerdo la película 'Jesucristo Superstar'. Entré a verla disfrazado porque no me dejaban entrar (tenía unos 6 años).
Y en un momento dado, decidiste pasar a la acción...
Con nueve años grabé un disco, 'Mi pollito amarillito'. Y es que cuando mi madre estaba haciendo 'Los hijos de Kennedy' apareció un pianista que tenía un sobrino que quería formar un grupo. El hecho es que lo grabamos y vendimos dos copias: a mi madre y a la madre del otro chico. Después de eso, mi abuelo me dijo que si no quería estudiar, lo que tenía que hacer era prepararme para actor. Y así lo hice: estudié voz, interpretación, baile -durante un año quise ser bailarín- y pasé por decenas de pruebas. Por fin, me cogieron para 'Salomé', de Wilde, en versión de Terenci Moix, dirigida por Mario Gas para la compañía de Nuria Espert.
Desde luego, un buen comienzo.
Sí, absolutamente increíble. Pero tuve mucho pánico, algo lógico en esta profesión, por la responsabilidad ante el público.
Y además de esa responsabilidad también está la crítica ¿Cómo aceptas las malas?
Depende de quien vengan. Aunque, en realidad, siempre son buenas, porque te hacen ver cosas que a lo mejor se te habían escapado. Sólo pido objetividad, para que mi trabajo mejore.
Uno de tus papeles más sonados fue el de Calígula, probablemente uno de los más importantes en tu carrera.
Sí, el que marca a un actor, la licenciatura. Pero ahora, al verlo, estoy seguro de que no lo haría como lo hice entonces.
¿Y eso por qué?
Porque estaba excesivamente llevado al límite. Suplí la falta de sabiduría por la pasión.
¿Qué consejo darías a alguien que quisiera empezar en esta profesión?
Que no empezara (risas). No, en serio, que se prepare muchísimo. Cuando empecé, ser actor era algo que todavía no estaba bien visto . Hoy en día, todos los hijos de la clase media española, incluso animados por sus propias madres, quieren ser artistas. Pero sólo a través del estudio no se consigue llegar a ser un buen actor, aunque sea imprescindible.
Trabajaste con tu madre y bajo las órdenes de tu padre, en la obra '321, 322', de Ana Diosdado, ¿cómo fue la experiencia?
Fue bastante agradable... aunque, a veces, no tanto. Cuando trabajas con tu familia y quieres a tu familia es difícil establecer esa barrera de 'A partir de aquí yo no te voy a consentir lo que no consentiría a otro director o a otra actriz ni tú me debes consentir a mí...' Es una experiencia bonita, pero yo, personalmente, creo que es mejor no trabajar con tantos miembros de tu propia familia.
Su carrera en televisión
Recuerdos de un actor con sangre de actores
En esta sección puedes dejar cualquier comentario sobre esta noticia. Si no, puedes leer los publicados por el resto de usuarios.




