Vivir, aunque sólo sean veinticuatro horas, entre cuatro paredes, vigilado por cámaras ocultas y junto a un grupo de desconocidos, resulta, desde luego, una experiencia única. La productora Zeppelin TV, con cuatro 'Gran hermano' a cuestas, invitó a un grupo de periodistas a vivir esta situación y los resultados son muy interesantes:
llegas a comprender porqué actúan los concursantes como lo hacen. Se ha juzgado lo infantiles que resultan algunos o la facilidad que han tenido otros para confesar enseguida sus amores; pero la conviviencia y el tiempo muerto hacen hablar a cualquiera.
Durante las dos primeras horas, recién llegados, el grupo de periodistas invitados a la nueva casa del concurso permanecimos unidos, comentando nuestras impresiones. A medida que transcurría la tarde, traté de imaginarme cómo sería vivir allí, para poder durar tres meses sin volverme loca. Algunos nos conocíamos de vista y nos moríamos de curiosidad por saber cómo terminaría la jornada.
En menos de lo prevsto, expresábamos abiertamente desde las dificultades para ir al baño a anécdotas laborales y otras más privadas, como quien da una receta de cocina. Sólo escuchar la voz de Roberto Ontiveros -el director del programa- por los altavoces me ponía en guardia.
Te siguen. La casa es un plató de televisión en toda regla y produce esa sensación de estar en un escaparate. No la pierdes hasta que haces uso de la cocina, el retrete y la ducha. Cepillarte el pelo frente al espejo del baño, secarte, freír patatas o cambiar la bolsa de la basura, te devuelven a otra realidad y hace que, por un momento, olvides que te observan. El miedo de ser vigilado se va perdiendo cuando caminas sola por las distintas estancias; en algunos rincones el silencio es total y cuesta imaginar que detrás de los espejos varios técnicos siguen tus pasos, aunque no hagas nada.
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