En esta entrega, que contiene elementos propios de un thriller, Dominick Dune reconstruye el crimen y cuenta cómo la ex mujer del diseñador pagó a dos hombres para que le mataran.
En la mañana del 27 de marzo de 1995, Maurizio Gucci recibió cuatro balazos por la espalda mientras esperaba el ascensor para subir a sus oficinas en el lujoso edificio de via Palestro, en el centro de Milán, que acabaron con su vida. El heredero de la prestigiosa firma de moda era un hombre poderoso y a la vez envidiado por muchas personas de su sector y además se había introducido en negocios como los casinos, que hacían que los carabinieri barajasen muchas hipótesis sobre su muerte.
Los investigadores dudaban hasta de su ex esposa, Patrizia Reggiani, de la que se había divorciado años atrás y con la que no mantenía una buena relación.
Maurizio Gucci y Patrizia Reggiani se casaron en 1972 en contra de la voluntad de Rodolfo Gucci, que no veía buenas intenciones en la joven. El matrimonio Gucci tuvo dos hijas, Alesandra y Allegra, que en el año 1984 vieron como su padre abandonaba a su madre para vivir con su amante, Paola Franchi, una llamativa rubia. Desde entonces Patrizia siempre reclamó más dinero a su marido para la manutención de sus hijas y llegó a amenazar con publicar un libro que desvelaría los asuntos turbios de los Gucci.
Todo hasta que Maurizio fue asesinado, momento en el que cesaron las hostilidades de Patrizia, que sólo atacaba a la amante de su marido.
El día del asesinato al magnate de la moda, un hombre abordó a Mauricio por la espalda y ejecutó los disparos mortales. El portero de la finca, que se salvó milagrosamente de los dos balazos que le propinó el individuo, relató a la policía cómo el asesino huyó en un coche que conducía otro varón.
Las investigaciones de los carabinieri revelaron que Giuseppe Onorato y Orazio Cicalá habían sido los ejecutores del asesinato. Las escuchas que realizó la policía mostraron que los dos hombres habían sido contratados por Ivano Savioni, un portero de un hotel de Milán. La trama se complicaba, ya que con Savioni había contactado Giuseppina Pina Auriemma, vidente personal de Maurizio Gucci y consejera habitual de su ex esposa.
Todos los indicios apuntaban a Patrizia Reggiani como principal sospechosa de haber inducido al asesinato de su ex marido. Las pruebas de la policía eran concluyentes y los imputados declararon que Patrizia pagó 400.000 euros a Onorato y Cicalá por matar a su marido.
La defensa de la viuda adujo su inestabilidad mental debido a la extracción de un tumor en el cerebro para librarla de la cárcel, pero finalmente la fiscalía condenó a Patrizia Reggiani a 29 años de prisión por organizar el asesinato del que fue su marido, Maurizio Gucci, magnate de uno de los emporios más importantes de la moda mundial.
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