El invento del maligno
Supervivientes
José Javier Esparza
Telecinco cerró esta semana 'Supervivientes', el reality-show para famosos metidos a robinsones que ha venido refrescándonos -más o menos- durante los últimos meses. Nietzsche cita una frase de Santo Tomás de Aquino en la que el gran escolástico, al consignar los gozos del paraíso, incluye contemplar el sufrimiento de los condenados en el infierno. No sé si la imputación al aquinate es estrictamente correcta, pero este tipo de programas tienen algo de eso: el ciudadano anónimo observa lo mal que lo pasa Pipi Estrada con sus almorranas y, hombre, no es que uno sea más feliz con ello, pero nadie negará que allá en el fondo, en el pliegue más secreto de nuestra mala leche, hay algo que se regocija. Pipi pensaba que su quebranto hemorroidal iba a valerle el óscar al Mayor Lamento, que es uno de los premios de pedrea otorgados por el programa, pero no: la agraciada fue Esmeralda Marugán por aquella conmovedora escena en la que bramaba ''Me estoy quedando inválida''. Entregó el premio José María Iñigo, que a su vez se ha lastimado un tobillo.
Habrá más óscars; los veremos la semana que viene, porque el concurso ha terminado, pero no el programa, que Telecinco va a estirar para aprovechar la ola. A modo de evaluación sumaria, podemos concluir que 'Supervivientes' ha sido un acierto. Ha sabido mantener el interés de una buena porción de público, que ha ido creciendo según llegábamos al final. Cuando no había nada interesante que contar, los guionistas se las han arreglado para envolver la nada en ruido, como en ese asunto del subrepticio mechero prohibido. Jesús Vázquez ha hecho un trabajo objetivamente bueno, mérito que debemos reconocer sobre todo quienes no sentimos gran simpatía por el personaje. Los resúmenes diarios han sido muy eficaces y se han beneficiado de la elección de Iñigo como cronista de la cosa, porque éste es un animal televisivo puro, valga la expresión. No olvidemos mencionar que la ganadora ha sido Carmen Russo, la show-woman italiana, que nos ha impresionado a todos al aguantar tanto tiempo sin desinflarse.
En la prensa del ramo se dice que es un triunfo polémico, pero, entre usted y yo, tales polémicas hay que incluirlas dentro del apartado promocional del programa, que necesita de estas cosas para estimular a los espectadores. Entre los méritos más relevantes de Carmen Russo debemos señalar el de la aproximación filosófica. Así, su patética sentencia final: ''Lo peor de la soledad es que nadie contesta a tus preguntas''. ¿Triste? No. Ya que hemos comenzado con los Doctores de la Iglesia, terminemos con ellos y citemos a San Agustín: ''Noli foras ire. In interiore homine habitat veritas''. Dicho sea como consuelo para Carmen Russo y sus soledades.