El invento del maligno
'Vigilados'
José Javier Esparza
Antena 3 está emitiendo un producto de Zeppelín que se llama Libertad vigilada. Es un reality-show. Una muchachada mixta (siete jóvenes hembras y siete jóvenes machos), anatómicamente canónica, es invitada a pasar unos días de convivencia en un entorno de lujo vacacional para demostrar sus cualidades personales, aproximadamente. El que mejor lo haga (¿?) se llevará un premio.
La muchachada sabe que sus comportamientos serán evaluados por los espectadores. Lo que no sabe es que los espectadores en cuestión son sus propios padres, que juzgan las evoluciones de sus vástagos con un aliento que oscila entre el bochorno y la petulancia.
Se ha dicho que Libertad vigilada es, en rigor, dos realities: el de los padres y el de los hijos, y es verdad. Lo que no es fácil decidir es cuál de los dos resulta más penoso. Este programa funciona sobre un planteamiento elemental de puro morbo: no hay cosa que más enerve a los padres que imaginar las burradas que puedan hacer sus hijos, ni cosa que más azore a los hijos que imaginar que sus padres los pillan haciendo alguna estupidez. Como quiera que los padres son, por definición, gente preocupada, y los hijos son, también por definición, gente con tendencia a hacer bobadas, el argumento del programa está servido sin necesidad de gastarse un duro en imaginativos guionistas.
A partir de aquí, la misión del programa consiste en hacer que a los hijos se les vaya la olla lo más posible y que los padres sufran hasta el límite de la apoplejía.
Creo que, en ese sentido, el programa es un éxito. Los chicos, visiblemente escogidos para representar a los especimenes más rudimentarios de su edad, oscilan entre la afición al alcohol y la querencia al sexo, todo ello envuelto en balbucientes discursos de autoestima y autorrealización que, si uno los examina de cerca, se hacen más bien dolorosos. Y los padres, pobre gente, quedan obligados a la triste condición de quien tiene que abjurar de su progenie para salvar un último resto de vergüenza.
Este programa se emite semanalmente en horario de medianoche y no le va mal:supera el millón y medio de espectadores, que es mucha gente a esa hora. Pero también se emite diariamente en horario de sobremesa, a las cuatro de la tarde, con esa práctica tan habitual de nuestras cadenas que consiste en ofrecer, en horario protegido, resúmenes de contenidos que se emiten en horario adulto.
Se ve que Antena 3, sensible al hecho de que hay muchos niños de vacaciones, no ha querido que las promociones infantiles queden al margen del espectáculo. Es un cálculo a largo plazo: cuanto más pronto se idiotice a la gente, más próspero será el negocio. Muy listos.