El invento del maligno
'Perdidos'
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José Javier Esparza
La Primera estrenó la otra noche la nueva temporada de 'Perdidos', esa serie americana que vino con las mejores credenciales, que TVE colocó en un horario aceptable y que después, pese a su calidad, ha venido llevando una existencia más bien precaria. 'Perdidos' es un gran éxito internacional; aquí, sin embargo, ha seducido a un público escaso aunque, eso sí, muy fiel. Ahora la tendremos en la noche del miércoles, donde tal vez pueda hallar el eco que, por calidad, merece.
TVE 1 ha comenzado esta nueva temporada con un recurso clásico: primero, un episodio recordatorio de lo visto hasta ahora; después, el primer episodio de la nueva tanda. Los capítulos-resumen suelen ser una auténtica lata, pero a este de 'Perdidos' hay que concederle el don de la concisión y la claridad; quien no supiera cómo estaba la cosa, tuvo una puesta al día que no dejó ningún cabo suelto. El relato es una especie de 'reality-show' de supervivencia, pero en ficción: un grupo de personas sufre un accidente aéreo y va a parar a una isla aparentemente desierta; en ese escenario convivirán -y lucharán- para salir indemnes.
Desde el punto de vista narrativo, la clave de 'Perdidos' reside en el equilibrio entre los dos hilos fundamentales de la historia: por un lado, la peripecia de los protagonistas en la isla; por otro, los flash-back que nos van contando la historia singular de cada uno de los personajes centrales. A medida que la serie ha ido avanzando, lo que parecía el elemento central del relato, o sea el naufragio, ha ido adoptando un tono cada vez más extravagante, inverosímil o, quizá mejor, surreal, con presencias espectrales, bestias misteriosas, búnkers habitados, barcas fantasmas y, en general, todo el repertorio posible de la literatura fantástica. Inversamente, los retratos de los protagonistas con retazos de su pasado, que al principio parecían no tener otra función que ilustrarnos sobre sus distintas personalidades, han ido cobrando una importancia decisiva, hasta el punto de convertirse en factores determinantes del destino de cada cual, de manera que la estancia en la isla se va revelando como el momento crucial de sus existencias.
Enlazar bien estos dos hilos -la isla y los 'flash back'- es un ejercicio complicadísimo, porque exige al guionista hacerlo de tal modo que ambos queden bien visibles todo el tiempo y, por supuesto, que no se enreden en el espíritu de espectador. Habrá que esperar al final para ver si el bordado concluye satisfactoriamente, pero, mientras tanto, se está dibujando ante nuestros ojos un relato absolutamente original, sumamente elaborado y que pone a su servicio los mejores recursos de la industria audiovisual americana: ritmo intachable, interpretaciones de primera, puesta en escena espectacular. Muy buen producto.