El invento del maligno
'Eureka'
José Javier Esparza
Cuatro estrenó el sábado noche una nueva serie americana. Se llama Eureka, fue producida para el canal Sci-Fci y consiste en lo siguiente: en un apartado lugar de la América profunda, existe una ciudad creada por el Gobierno para albergar a los mayores talentos científicos del país, que allí se dedican a experimentar con las leyes de la física. Un agente de policía llega accidentalmente al lugar y se ve envuelto en misteriosos acontecimientos. Y hasta aquí puedo leer, que decía Mayra Gómez Kemp.
El sábado vimos un capítulo piloto de dos horas; a partir de la semana que viene empieza la serie propiamente dicha. La historia se enmarca en el género de la ciencia-ficción, con buenas dosis de intriga, pero está contada con mucho sentido del humor. Eso da al producto un aire un poco extraño, como poco serio, con demasiados elementos grotescos y, a veces, incoherente, pero, si usted acepta entrar en el juego, el relato no le decepcionará, porque está muy bien contado, con buen ritmo (entre allegro moderato y andante assai), y técnicamente es un producto de calidad.
Algo que resulta verdaderamente fascinante en la industria norteamericana es la extraordinaria variedad de situaciones que esta gente es capaz de convertir en teleserie: investigadores de fenómenos paranormales, náufragos aéreos en una isla perdida, matemáticos que resuelven casos criminales vía ecuación, policías forenses, mujeres más o menos desesperadas, buscadores de personas, médicos inaguantables enfrentados a enfermedades rarísimas, jóvenes abogadas de temperamento atribulado, presos en busca de escapatoria, fiscales de aguda conciencia, mediums domésticas que entran en la policía Todo eso sin contar con la ingente cantidad de series en zapatillas, tópico modelo de la comedia familiar.
Ya sabemos que todas las comparaciones son odiosas, sobre todo si se trata de compararse con un mercado tan enorme como el americano, pero a nuestros talentos no les vendría mal aprender de esta formidable capacidad para inventar historias y, sobre todo, sostenerlas. Lo más sorprendente de lo visto en Eureka este sábado era precisamente eso: la forma de convertir un relato cerrado en serie prolongada, tarea que el capítulo piloto solventaba magistralmente, en apenas dos minutos, haciendo que el agente de policía, tras resolver el caso, sea destinado de súbito como sheriff del pueblo en cuestión.
Por lo que uno ha leído por ahí, el efecto de Eureka entre los aficionados al género está siendo ambiguo: carece de las dimensiones casi épicas de Expediente X y, por otro lado, tampoco tiene situaciones desgarradas o escabrosas, de manera que a veces parece que al guiso le falta sal. Pero eso no es malo para la tensión. Yo la veré. Al menos, de momento.