Con el verano llega el calor y algo por lo que rezan los humanos 11 meses alaño: las vacaciones. Para Jacinto, aunque debe seguir fichando en la oficina, supone perder de vista a mujer e hijos e imaginar intensas noches de desnfreno. Máximo ha escogido la montaña donde también confía poder conquistar a alguna extranjera despistada. Evaristo, finalmente, se dirige con toda la familia a la playa donde confirma su opinión de que el transcurso de las vacaciones se trababaja mucho más que el resto del año.