La madre de César era soltera y eso, en el pueblo, no estaba bien visto. Por eso, nada más nacer, fue inscrito como hijo de su tía, que estaba casada con Antón, el médico del lugar. Pero, aunque el secreto estuvo siempre bien guardado, Antón sospechaba que el niño sabía algo. Y César fue creciendo al lado de sus dos falsos hermanos y del bueno de Antón.