Blas Romero sólo tiene una afición: triunfar como torero. Deja su trabajo y recorre el campo en busca de alguna res a la que dar capotazos. Su estilo es tremendista y arriesgado y sólo necesita un medio para darse a conocer. Por fin, la ocasión llega con una corrida organizada para descubrir nuevos talentos: El Festival de la Oportunidad.