Bill y Julie forman un matrimonio perfecto. Siguen enamorados como el primer día a pesar de que llevan más de cinco años casados. Un día, Julie sufre un mareo y, tras consultar a un médico de confianza, le diagnostican una enfermedad incurable y le dan un año de vida. Julie sabe que lo único que ata a Bill a este mundo es ella y, por temor a que después de su muerte quiera irse con ella, decide adoptar un niño para que esta responsabilidad le ligue a la vida.