El afamado caballero Tirante, amado por los dioses y obedecido por los hombres, recibe un encargo del emperador de Bizancio: liberar la ciudad de Constantinopla del asedio de los turcos. Una tarea relativamente fácil conociendo la fama que precede al noble caballero y a su aguerrido ejército. Sin embargo, no son las batallas lo lo que le quitan el sueño a Tirante, sino el amor no correspondido de la hija del emperador, Carmesina que se resiste a entregar aquello que considera su más preciado bien, su virginidad. Al fin y al cabo no es más que una niña, aunque sea la única heredera del imperio. La relación de esta pretensión íntima e instintiva con los mecanismos del poder en el Imperio es evidente. El emperador es viejo, y los turcos una amenaza perenne. Tirante es joven, atractivo y por el momento invencible, la única objeción a su unión con Carmesina es que no es de cuna noble. Son las mujeres de la corte Estefanía y Placerdemivida las que más claramente distinguen la situación y se afanan por salvar el imperio intentado a toda costa que se produzca el encuentro carnal entre ellos. Por su parte, la Viuda Reposada lucha denodadamente contra esta intención, no por que esté a favor de los turcos, sino porque ella está también perdidamente enamorada de Tirante.
Tirante el Blanco recibe el encargo del Emperador de Bizancio para que libere el asedio que los turcos están infligiendo a la ciudad de Constantinopla. Tirante no defraudará las esperanzas que sobre él ha depositado el Imperio: sus hombres son aguerridos soldados y él es un astuto estratega que no...