Desde que su novio la dejara plantada el mismo día en el que iban a casarse, Leila se juró a sí misma que no volvería a relacionarse con ningún hombre. Ahora, con 32 años, continúa su fiel promesa... y virgen. Una mañana, al despertarse, descubre que quiere tener un hijo antes de hacerse mayor, sin tener que comprometerse con nadie para conseguirlo.