Dos cuerpos aparecen muertos delante de un club nocturno. El inspector Vivancos El Sucio acude al lugar del crimen y allí coincide con Pozo, un capitán de policía con el que no mantiene muy buenas relaciones. Los superiores del inspector no son muy partidarios de sus métodos y prefieren mantenerlo al margen. Los muertos resultan ser policías, y a partir de ahí se inician dos investigaciones paralelas: Vivancos sigue su propio camino, con el consentimiento de Pajarda, un teniente del Cuerpo que aunque no aprueba los métodos de su inspector estrella, sabe que su eficacia es indiscutible.