Al entrar en la pequeña tasca a la que cada noche acuden para cenar, Cristobal, Remigio y Pepe encuentran a su amigo Juan -taxista como ellos- en compañía de una joven que llora desconsoladamente. Poco después se enteran que la chica había intentado que Juan la atropellara con su coche y que él se había erigido en su protector. Dispuestos a alegrar un poco la velada, los taxistas le cuentan a la joven las experiencias más entrañables que han vivido con algunos de sus clientes.